Cuando miro al espejo que refleja mi instancia
vienen olas de azogue desde un mar de rayuelas
reviviendo en mi oido con sus blancas estelas
esos días azules y ese sol de la infancia
Ese lento trotar por olor y fragancia
de la escuela primaria, de la casa paterna
donde libros y amores eran pan y linterna
y el futuro eran luces en lejana distancia.
Aleluya y bullicio -cada tiempo a su hora-
retador y seguro cada paso insolente,
con la luna entre ojos, en lección ordinaria,
y aquel ritmo a galope, esperando la aurora
en los brazos seguros del perdón consecuente
que encerraban el miedo en nocturna plegaria.
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