
La verdad de cada quien
en dos columnas se aposta:
una puede ser angosta
pero veloz como un tren.
La otra, verdad también,
puede ser ancha y pesada
pero avanza entusiasmada
porque con sus seguidores
alimenta sus motores
y se impulsa, indubitada.
Son dos rutas divergentes
que atraviesan un cristal
donde la luz natural
da colores diferentes,
dos valores oponentes
que se fundan no en la ciencia,
sino en la propia conciencia
y principios heredados,
circunstancias de soldados
al guerrear con la experiencia.
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